Corría apresuradamente por el bosque intentando esquivar en vano árboles y zarzales. Estaba  totalmente segura de que alguien la seguía. Al echar la vista atrás vislumbró la sombra de sus perseguidores. Era rápida y ágil pero el peso muerto de su mochila  en la espalda la ralentizaba. Los hombres que la seguían estaban salvando la distancia que los separaba de ella. Cada vez más asustada  la chica estaba perdiendo velocidad. Llevaba días sin comer perdida en el bosque y su cuerpo estaba gastando toda su energía en la carrera. Estuvo a punto de detenerse varias veces pero siempre había sido muy tozuda y, había continuado siempre hacia adelante. Ahora, cuando ya estaba a punto de desmayarse de puro agotamiento, vislumbró un camino que parecía llevar a un pueblo. Enfiló el sendero con la esperanza de dar esquinazo a sus perseguidores, pero en vez de el césped mullido que esperaba encontrar se dio de bruces con un árbol que podría haber  salido de cualquier novela fantástica.

Por un momento se olvidó de la huída que la había llevado hasta allí y se puso a inspeccionar el nuevo descubrimiento. De repente cayó en la cuenta de que tenía el agujero perfecto para dejar pasar a una persona menuda como ella, así que, abriéndose paso entre las plantas que tapaban su escondite consiguió cobijase dentro de aquel tronco. Cuando su sensación de tener a alguien detrás de ella se calmó, decidió salir de nuevo al camino. Para su sorpresa, descubrió dos siluetas oscuras esperándola. Veía difuminados sus rostros a pesar de la cercanía lo que comenzó a preocuparla sobremanera. El recorrido al pueblo era más largo de lo que ella pensaba y aún más con la sensación de estar volviéndose loca. Cuando tan solo quedaban dos metros para alcanzar el ansiado suelo asfaltado de la carretera miró hacia atrás para descubrir que las oscuras siluetas que la seguían habían desaparecido. Se desplomó sobre la hierba que todavía estaba verde a causa de las lluvias tardías. Estaba  tan agotada que sin ni siquiera enterarse del río que discurría a su lado, se durmió en aquel territorio que se encontraba entre la naturaleza y la construcción del hombre.

Al despertar, mucho más despejada pero aún hambrienta y débil, se encaminó a paso tranquilo hacia el interior de aquel pequeño pueblo. Entusiasmada con la belleza del lugar se iba parando en cada rincón que encontraba interesante. De pronto se topó con una casa más grande que las otras que le llamó la atención. Un cartel en la entrada le reveló el nombre de aquella casa rural, Casa Colomba. Sentada en el poyo de la entrada comenzó a rememorar los días anteriores y de pronto se dio cuenta de que aquella persecución no había sido más que fruto de su mente cansada. La falta de agua y el cansancio acumulado había provocado que los demonios que habitaban en su cabeza se vieran reflejados en la realidad.    

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