Observé las puertas de Casa Colomba y enseguida me vinieron mil y un recuerdos a la mente; mi primer viaje a León, donde se me quedó sin gasolina el coche y tuve que hospedarme allí, y bendito revés de la vida, ya que gracias a ello te conocí; el lugar donde nació nuestro primer hijo entre sábanas y velas aromáticas, tú no querías ir al hospital, así que allí nos quedamos; aquel era el rincón donde me olvidaste, donde me enteré, por el gerente, de que tenías Alzheimer; y es que Casa Colomba fue testigo de tu fallecimiento, mientras yo me disponía a comprar tus flores favoritas, aunque tú no las recordabas.

 

Era la primera vez que pisaba la casa rural sin ti, atravesé las puertas, contemplé al gerente, y con voz casi inaudible le dije:

 

-Una habitación simple, por favor. – y rompí a llorar.

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