Toc toc era el ruido de la puerta que me despertó del sueño profundo en el que estaba. Soñaba en un intento desesperado por Recordar, pero no sabía lo que mi conciencia tramaba.
Una mujer, parada detrás de la mesada, hacía un bollito de masa con unas manos con algunas arruguitas, que mostraban las marcas de años de trabajo y esfuerzo para sacar a flote a un dúo de inmigrantes que cuando llegaron, solo tenían una tierra para cosechar.
Junto a ella, un niño, la miraba. Su expresión era una mezcla de admiración y atención a la mujer de manos arrugadas. Quien con palabras dulces y una voz suave, explicaba al niño el oficio de la cocina, como un juego con combinaciones infinitas, donde todo lo que el fabricara sabría bien, bajo el juicio de esa mujer que tanto lo apreciaba.
Esas manos me sonaban tan familiares, pero no lograba ver el rostro de esa señora que estaba de espaldas a la alacena de la cocina. De repente los olores entraron en escena. Harina, levadura, y ese olor inconfundible de una torta en su punto justo, que inundaba todo el lugar.
El ruido del café en la cafetera, las gotas de lluvia que caían sobre la ventana principal de la cocina que a través de sus cortinas salpicadas con pintorescos diseños floreados dejaba ver un cartel de madera de roble, donde se leía “Casa Colomba”. El sonido del viento, que sacudía los trigales de la estancia, que con su extensión dejaba solo como un lejano recuerdo aquella mínima parcela de los años en que el dúo había emigrado al país para aspirar a un futuro mejor.
Fue solo gracias a mis sentidos, que poco a poco logre resolver el acertijo en el que mi propia conciencia me hacía enredar.
Ahora, podía recordar todo con claridad, aunque todavía tenía algunas dudas… Hasta que la parte masculina del dúo de inmigrantes, irrumpió en la cocina y pronunció unas pocas palabras casi a los gritos, para anunciar su llegada y lograr que su mujer y el niño se desconectaran de la masa que juntos habían construido.
Esa voz estruendosa me saco todas las dudas de golpe…
No lo dudé, estaba seguro de quien era, Tome coraje y me obligué a salir de mi posición de espectador, y convertirme en protagonista, caminando en dirección a la mujer que estaba de espalda a la alacena
Y de repente…
Toc toc era el ruido de la puerta que me despertó del sueño profundo en el que estaba.

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