Alcanzó “el techo del mundo”, pues consiguió el bienestar emocional con plenitud y madurez. Abandonó el caos, ya perdió el miedo a los cambios y a cometer errores, porque sabe que de los errores se aprende y que no todo siempre sale bien. Cada golpe puede ser una buena oportunidad para crecer.
Ahora está preparado para vivir.

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