Celebrar a la gente que se va. Llorar pero con alegría. Entender que la muerte no es un fin sino una transformación.
Ayer se murió mi papa y era lo que menos me esperaba en este mundo.
En estos últimos años nos conocimos, nos contamos lo que pensabamos, lo que nos gustaba, nuestras batallas ganadas, nuestra mirada optimista, como pares y como hija y papa y como en un romance nos enamoramos profundamente.
Y quería más, mucho más de el. Pero se fue con paz. Enamorado, planeando tener barba y vivir en el campo con mi mama. Y yo deseando ir a visitarlos o que me vengan a visitar a mi. Esa imagen es tan real que existe. No en esta realidad, pero existe.
El que gana es el que da, me decía. Y que lo único importante era abrazarnos.
Ayer se murió mi papa y hoy me sigue enseñando.

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