LAS DOS BOCAS DEL SOL

Relato 27

 

Ahí cuando el sol parecía pelear con las estrellas y escupir el polvo en San Román, un grupo de unos doscientos maragatos caminaban por los secos caminos que transpiraban polvo y peste rumbo a Lugo. El camino fue pesado y los zapatos se quedaban atorados en el fango de ciertas tormentas que caían con bipolaridad, parecía que el sol se estaba burlando de los viajantes cargados de embutidos y utensilios de matanza que guardaban desde Madrid para intercambiar. Cuando llegaron después de un par de meses las últimas gotas de sudor que caían de sus frentes brillaban con los adornos y pañuelos coloridos que cargaban las mujeres. Luego de ir a la plaza el padre de Colasa se le acercó y le susurró –Ya es hora hija, el sol me lo ha contado-. Ella solo dejó empañar sus ojos con frías lágrimas que parecían cortarle el alma. Salió corriendo a una esquina donde el sol no la podía ver.  Ahí sintió el estallido de sus ojos y miles de colores que el hombre jamás habría visto vistieron las sombras. Sin notarlo los ojos verdes de un joven de piel canela que estaba cerca también escupían los mismos colores. Al notar el fenómeno ambos se lanzaron al suelo donde el sol los encontró entonces sus ojos de universo dejaron de brillar. El joven se levantó y ayudó a Colasa para que también lo hiciera. Desde que tocó su mano sintió miles de constelaciones correr por su espalda y ella no podía dejar de ver el universo en sus ojos verdes. Bastaron unos minutos para que supieran que el destino los quería juntos. –Soy Kavi y vine a Lugo a mostrar un par de inventos -. Ella solo asintió con la cabeza dando una pequeña sonrisa mientras pensaba en que su amor sería imposible porque su padre ya había arreglado un compromiso con Juan Zancuda y el misterioso era gitano. Entonces él se acercó más y su padre llegó como el viento, arrancándola de su lado, seguro el sol le habría contado. De inmediato la sentó en una carreta alada por dos mulas, reunió al resto de maragatos y empujado por uno de los rayos que el sol convirtió en tormenta se adentraron por La vía de la Plata rumbo a Madrid. Kavi no podía dejar escapar al amor de su vida entonces robó uno de los caballos que estaban fuera de la plaza y los siguió. El sol parecía haberse dado cuenta entonces dio la vuelta al día y se transformó en luna para seguirlos. De una sola mueca apagó todas las estrellas para con un beso de buenas noches en forma de muerte callar el universo que guardaba el gitano. En un descuido por el viento en lugar de tragar el alma de Kavi mató con una avalancha de fango a Juan Zancudo; haciendo que los viajantes perdieran el camino. Hasta que los amantes vieron el aura que salía de sus ojos por su cercanía decidieron mirar al sol paralizándolo en dos etapas día y noche. Hasta ahora siguen vigilándolo fuera del ayuntamiento de Astorga, solo que Kavi dice ser Juan Zancudo para que el padre de Colasa no los separe.

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