12 de junio 1532.

Me llamo Marcelina Cordero. Tengo treinta y cinco años. Ya llevo dos en esta celda. Fue mi decisión. Pero estoy cansada. Llevo dos años viviendo en la pobreza extrema, en la soledad casi absoluta. En la tristeza. Creí ser muy valiente cuando tomé esta decisión. No quería vivir.

Todavía recuerdo mi casa. Tengo miedo olvidarla. Era amplia, con un patio interior precioso. Estaba construida, como la mayoría, de adobe, piedra y madera. Sus paredes eran tan gruesas como éstas. Teníamos las habitaciones en la zona superior. En la zona inferior teníamos el ganado.

En el patio nos reuníamos las mujeres para charlar, y los niños revoloteaban cerca jugando.  Echo de menos la cocina, ¡el olor del cocido! Cierto es que, puedo decir que las gentes que pasan cerca de aquí me conocen.  Me traen alimentos, me dan un poco de compañía a través de esta ventana. No les veo la cara. Sólo escucho sus voces. ¡Pero me resulta tan gratificante!

Tengo miedo volverme loca. A veces escucho la voz de mi padre, suplicándome que no me encerrara aquí. En las noches insomnes o en las pesadillas, lo escucho.

Las visitas de mi madre me llenan de añoranza y me traen noticias, pero cuando se va sin que ni siquiera pueda ver su cara, me destroza. No pierdo ningún acto de la Iglesia, esta Iglesia de Santa Marta. Mi cabeza deja de pensar esos momentos que duran las misas. Nunca fui muy religiosa, pero estos salmos, estas oraciones, me ayudan a sobrellevar mi soledad. Tengo la espalda destrozada. Este camastro, esta tabla donde duermo, me está rompiendo. Anochece. No veo bien. A ver si consigo dormir un rato.

 

15 de junio 1532

Hoy amanece algo nublado. Aquí no siento mucho calor. Menos mal, sería inaguantable sufrir los calores del verano encerrada entre cuatro paredes un día tras otro.

Ya no duermo, vi la luna por esta pequeña ventana, sólo unos segundos. La luna. Me gustaba verla cuando estaba en mi casa. La miraba desde aquel balcón ¡Dios mío! ¿Por qué sufría por él, y lo recordaba en aquel balcón? Entonces, podía salir con libertad y disfrutar de la noche.

 

 

23 de junio 1532

Hoy recuerdo a mi padre. Temo que su vida se acabe por mi causa. Recuerdo que de jovencita lo veía poco.  Mi padre, como buen maragato, viajaba gran parte del año. Se iba con los demás hombres, con los carromatos hacia el oeste y el centro e España.  Vendían productos artesanales que realizábamos en casa. Cómo echo de menos aquellas actividades…

 

 

16 de Julio 1532

Hoy tengo un gran dolor de cabeza. Esta noche no pude dormir. Hubo un gran revuelo en la calle. Unos hombres me insultaron y me tiraron piedras.

Me llamaron mujerzuela.

¡Pero si estoy aquí por amor! O mejor dicho, por desamor…

 

22 de Julio 1532

He pasado varios días sin escribir. Sólo me apetecía llorar y morirme. He rezado. He estado pegada al ventanuco que da al presbiterio de la Iglesia de Santa Marta.

Le he pedido a Dios que no me deje aquí mucho tiempo. No puedo aguantar más. Sin libros, sin aire, sin espejos, sin mi familia, sin sol, sin esperanza…

Le he pedido a Dios que se termine mi soledad: que se termine mi sufrimiento.

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