No podía pensar. Habían sido unos meses muy ajetreados, llenos de incógnitas, preguntas, pensamientos y deseos. Ella había pasado por diferentes estados de ánimo: la soledad más absoluta, la tristeza más profunda y una aplastante inseguridad que se tornaron en felicidad y expectación con la preparación de su viaje a España, un viaje quizá sin retorno. Periodista de éxito, cuyo cargo actual era el de jefa de redacción de política exterior del New York Times, una mujer tan segura de sí misma que, sin embargo,  había pasado casi un año en una total incertidumbre sobre el rumbo de su vida

Nunca nada se le había puesto por delante así que, con su constancia y arrojo, había conseguido llegar a ser reportera de guerra para diferentes medios informativos. Su currículum estaba cargado de numerosas conferencias, pronunciadas en las más prestigiosas universidades americanas y europeas, sobre la situación de los niños en tiempos de guerra, gracias a su nutrida experiencia en los diferentes países en los que había vivido los más horrendos conflictos bélicos.

Pero siempre, tras esos durísimos periodos de estancia en países de guerra, regresaba a su casa, en Nueva York, junto a su madre y recuperaba la sonrisa y las energías para volver a empezar, y continuar con su labor periodística pero, sobre todo, de denuncia ante el mundo y las instituciones para intentar poner freno a esos conflictos armados. Era una luchadora nata. De pronto todo eso había cambiado, ahora se encontraba perdida desde que su madre había fallecido diez meses atrás y ella se había sumido en una profunda depresión.

Un día de primavera, haciendo orden en el invernadero de su madre, encontró en un pequeño escritorio un falso cajón, en el que apareció un folleto de un alojamiento en el que se leía “Casa Colomba. Tu casa rural en la Maragatería”, un número de teléfono escrito en una servilleta, desdibujado  por el paso del tiempo y varias cartas cuyo origen era Madrid y cuyo destino era la dirección de su abuela. La sorpresa y un sinfín de preguntas perturbaron a Colomba.

Su innata curiosidad la llevó a intentar descifrar aquel misterio que su madre se había encargado de silenciar y custodiar durante toda su vida. Así que, tras dos meses de investigación, se encontraba destino Madrid, imaginándose el rostro de la voz que oyó hacía unas semanas al marcar el número de la servilleta y preguntándose si él sería capaz de desentrañar todas las cuestiones de su vida, mientras Colomba O´Sullivan contemplaba, a través de la pequeña ventana del avión, la inmensidad del océano.

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