El agua serena y cristalina se deslizaba río abajo, su sonido inconfundible se percibía claramente desde la parte superior del puente de piedra romano.

Una vez pasado el arco del puente, el bullicioso caudal del agua se adentraba por un estrecho recorrido, hasta llegar bajo la inmensa sombra que proporcionaba la verde hilera de flamantes álamos.

La Casa Colomba mantenía cálida su propia esencia, sus míticas paredes y ventanas destacaban con el sorprendente esplendor de su belleza…mientras el canto melodioso de su entorno aportaba un cierto romanticismo en las primeras citas de enamorados…

Atrás iba quedando el recuerdo de la blanca nieve y el grosor del hielo acumulado, rojas amapolas aportaban alegría al paisaje con la renovada brisa de marzo, una vez más la primavera irrumpía en nuestras vidas, después de un intenso y estacional letargo.