A NOÉ

 Relato 10

 

La lechuza está ausente en esta noche oscura, el silencio helado de tejados blancos, y añejas chimeneas de humo, desdibujan la escasa luz.

Luna gris de plata, alumbra las estrellas, el viento revolotea golpeando las ramas del viejo abedul, esparciendo sus hojas por la plaza de Muga. Calles desiertas, anhelo de luz, Somoza de leyendas en alcobas de sueños viejos, alcobas de niños, temor de ancianos, desvelo de mozas.

Muga es pequeño, alzado sobre una colina, la más alta. De prados extensos q la rodean como mantos dorados donde pastan las cabras, las cabras de Noé. Casi amanece, Noé hace horas atravesó la Cañada, hoy camina más lejos, los pastos del otro valle acunan su cuerpo, mecen su ternura y su alma, anochece y Noé no regresa.

El tintineo de campanillas despierta a los aldeanos, son las cabras de Noé, han vuelto solas.

Alarmados salen d las casas, ni rastro del niño. Un camino de antorchas va marcando las sendas mientras vocean su nombre., Noeee , no hay respuesta , algún búho asustado ulula a su paso , inmóvil , augurando infortunios .  Está amaneciendo, los hombres regresan, en algún lugar dejaron la esperanza tras días y noches buscando al pequeño, noches de lobo acechante, noches de oración, noches negras como sus mantones pesados. Pronto llegará la primavera.

De una aldea lejana asoma entre los Valles Juan, a lomos de su caballo viejo, cada primavera, trae la miel en tarros para su venta. Un puñado de moscas rodean su andadura, persiguiendo algún festín o descuido del muchacho.  No lejos de Muga, se detienen, aquellos prados invitan al descanso, tumbado sobre el lecho dorado se queda dormido.

Amenaza tormenta, comienza a llover con fuerza, el viejo caballo galopa asustado y Juan despierta, oscurece, los truenos invaden El Valle con resplandores violetas que iluminan su rostro, su corazón late con fuerza, sus manos tiemblan, sus pies se hunden al correr en la pradera mojada, y se hunde la tierra sepultando a Juan.

Bajo un techo de barro y polvo aguarda la leyenda, magmas fragmentados son testigos milenarios, grutas que abren las entrañas de la tierra, conductos y galerías subterráneas servirán de morada y olvido, servirán de magia y vida, de culto divino y salvación. Juan llora desesperado, el miedo se apodera del muchacho. Alguien se acerca y acaricia su cabeza propinando un sobresalto a Juan, mira por todos los lados buscando en la oscuridad.

Los ojos de un niño le observan, luceros del alba fugaces, cándida luz celestial, pequeño Dios perdido que corre a sus brazos, es Noé.

Desde los tejados de Muga se aprecia un horizonte casi perfecto, los montes lejanos desdibujan la bruma de la mañana, los primeros rayos de sol ya reposan sobre El Valle. A lo lejos, un muchacho y un niño van de la mano, avanzan con caminar pausado hacia la aldea. Una lagrima cae por su mejilla, impregna su esencia y su gozo, Juan aprieta su mano con fuerza, sostiene con templanza las huellas imborrables de su corazón, y así , con semblante digno de un Dios iluminado son alabados .

Y así, Noé, bajo ritos tribales y cantos ancestrales es alzado en la plaza, repican las campanas y su clamor forma ecos retumbando hasta las lejanas montañas devolviendo melodías aterciopeladas.

Pequeño príncipe, rey de reyes, luz de luz de los días , luz de luz de la oscuridad, héroe por siempre.

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